Posteado por: distefanoster | agosto 26, 2008

El pasaje al sistema de fábrica

“[Josías] Wedgood no sólo tenía que adiestrar a una nueva generación de alfareros especializados, sino que también tenía que amoldar esos trabajadores a las necesidades de su fábrica. No fue una tarea fácil, pues se enfrentaba con siglos de tradición local. Los alfareros habían disfrutado de su independencia durante demasiado tiempo para aceptar suavemente las reglas que Wedgood intentaba imponer -la puntualidad, la asistencia constante, las horas fijas, las estrictas reglas de cuidado y limpieza, el evitar el derroche, la prohibición de beber. No se rindieron con facilidad. Los paros por una ‘wake’ [=fiesta de la dedicación de una iglesia, que antiguamente se celebraba con romería y velando toda la noche] o una feria o una borrachera de tres días eran parte aceptada de la vida de un alfarero -y fueron los más difíciles de desarraigar-. Cuando trabajaban, lo hacían con la ‘regla del pulgar’, sus métodos de producción eran descuidados y antieconómicos; y sus normas de trabajo, arbitrarias, descuidadas e ineficaces. Consideraban la suciedad, la ineficacia y el desperdicio como compañeros naturales de la alfarería”.

 

N. McKendrick, “Josías Wedgood y la disciplina fabril”, en AAVV, Estudios sobre el nacimiento y desarrollo del capitalismo, Madrid: Ayuso, 1972, págs. 93-94.

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