Posteado por: distefanoster | agosto 26, 2008

La Revolución Industrial y el cambio del imaginario social

“La aritmética fue la herramienta fundamental de la Revolución industrial. Los que llevaron a cabo esta revolución la concibieron como una serie de adiciones y sustracciones: la diferencia de coste entre comprar en el mercado más barato y vender en el más caro, entre costos de producción y precio de venta, entre inversión y beneficio. Para Jeremy Bentham y sus seguidores, los campeones más consistentes de este tipo de racionalidad, incluso la moral y la política se manejaban con estos sencillos cálculos. El objeto de la política era la felicidad. Cualquier placer del hombre podía expresarse cuantitativamente (por lo menos en teoría) y también sus pesares. Deduciendo éstos de aquél se obtenía, como resultado neto, su felicidad. Sumadas las felicidades de todos los hombres y deducidos sus infortunios, el gobierno que consiguiera la mayor felicidad para el mayor número de personas era el mejor. La contabilidad del género humano tendría sus saldos deudores o acreedores, como la mercantil.

El análisis de los resultados humanos de la Revolución industrial no se ha liberado totalmente de ese primitivo enfoque. Aún tenemos tendencia a preguntarnos: ¿mejoró o empeoró las condiciones de la gente? Y, si fue así, ¿en qué medida? Para ser más precisos: nos preguntamos qué poder adquisitivo, o bienes y servicios, etc., que pueden comprarse con dinero, proporcionó la Revolución industrial y a qué número de individuos, admitiendo que la mujer que posee una lavadora vivirá mejor que la que no la posee (lo que es razonable), pero también: a) que la felicidad privada consiste en una acumulación de cosas tales como bienes de consumo y b) la felicidad pública consiste en la mayor acumulación de éstas para el mayor número de individuos (lo que no lo es). Estas cuestiones son importantes, pero también engañosas. Es natural que todo historiador se sienta interesado por conocer si la Revolución Industrial obtuvo para la mayoría de la gente en términosabsolutos o relativos más y mejor alimento, vestido y vivienda. Pero no logrará su objetivo si olvida que esta revolución no fue un simple proceso de adición y sustracción, sino un cambio social fundamental que transformó las vidas de los hombres de modo irreconocible. O, para ser más exactos, en sus fases iniciales destruyó sus viejos modos de vida y les dejó en libertad para que descubrieran o se construyeran otros nuevos si podían y sabían cómo hacerlo. No obstante, rara vez les enseñó a conseguirlo.”

 

E. Hobsbawm, Industria e Imperio, Barcelona, Ariel, 1982, pág. 77.

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