Posteado por: distefanoster | septiembre 9, 2008

Alexis de Tocqueville recuerda la revolución de febrero de 1848

El tiempo que habíamos pasado en casa de M. Dufaure había bastado a los amotinados para levantar un gran número de barricadas, a lo largo del camino que nosotros acabábamos de recorrer. Estaban dándoles la última mano, cuando volvimos a parar. Las barricadas eran construidas con arte por un pequeño número de hombres, que trabajaban muy diligentemente, no como culpables apremiados por el temor de ser sorprendidos en flagrante delito, sino como buenos obreros que quieren realizar su tarea, pronto y bien. El público les miraba tranquilamente, sin desaprobar y sin prestar ayuda. Yo no encontraba por ninguna parte aquella especie de agitación universal que había visto en 1830, y que, en aquel momento, me había hecho comparar la ciudad entera con una gran caldera en ebullición. Esta vez, no se derribaba al gobierno: se le dejaba caer.

Alexis de Tocqueville, Recuerdos de la revolución de 1848, cap. IV, parte I.

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