Posteado por: distefanoster | septiembre 9, 2008

Alphnose de Lamartine recuerda el levantamiento del 24 de febrero de 1848

Cayó la noche, y ninguna sangre se derramó. Esa noche fue silenciosa, análoga al día, pero intranquila, tal como en la víspera de un gran acontecimiento. El rumor de un probable cambio de ministerio, que estaba relajando su poder, reconfortaba a los ciudadanos hasta cierto punto. Las tropas acamparon al raso en las calles y en los espacios abiertos. Algunas sillas de madera y bancos que formaban parte de los Champs-Elysées, había sido incendiados por los niños, iluminando el horizonte, y revelado el desorden de la escena. El gobierno estaba en todo lugar en posesión de las calles de París, excepto dentro de la ciudadela fortificada por la naturaleza de los edificios, y de las calles estrechas, tortuosas, alrededor de los claustros de St. Méry, en el centro de París. […] Las barricadas, radiando de un centro que era en la iglesia de St. Méry, eran levantadas por momentos, y se formaban y multiplicaban casi ante las mismas narices de los soldados: tan pronto como se erigían se abandonaban. las tropas tuvieron sólo piedras a las que oponerse. la batalla fue silenciosa – su progreso palpable; su sonido inaudible.

Alphonse de Lamartine, Histoire de la révolution de 1848.

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