Posteado por: distefanoster | septiembre 9, 2008

El ’48 alemán en la literatura: Thomas Mann

De pronto en la calle el griterío estalló ensordecedor… ¡La revolución había llegado ante las ventanas de la sala de sesiones! En un instante cesaron todas las vivas discusiones de los miembros, y mudos de terror, dobladas las manos sobre el vientre, mirábanse entre sí o fijaban los ojos en la ventana, al otro lado de la cual se alzaban los puños cerrados y resonaba en el aire un confuso, persistente y atronador griterío. A los pocos momentos, no obstante, como si de súbito los revoltosos se sintieran asustados ante su propia conducta, cesó el barullo y reinó en la calle un silencio tan profundo como en la misma sala; sólo, en medio de aquella inmensa calma que todo lo dominaba, púdose oír, salida de las últimas filas de asientos, donde se encontraba Lebrecht Kröger, una exclamación que vino a romperla; una palabra pronunciada fríamente, con calma y a la vez con énfasis:

La canaille!

A la que siguió, desde un lugar indeterminado, una voz sorda e indignada que, a modo de eco, asintió:

– ¡Inaudita infamia!

[…]

En este momento, afuera recrudeció el griterío, aunque sin elevarse a su primitiva violencia, sino manteniéndose en un tono más apaciguado y monótono. Era una especie de zumbido en el que se percibía alguna nota regocijante mezclada con silbidos y exclamaciones, como “¡Los principios!” y “¡los derechos de la burguesía!”…

Thomas Mann, Los Buddenbrook (1922).

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